
Conocer a un artista es siempre sugestivo. Y peligroso. Para un aficionado a las artes, el trato con un creador puede llenar de luz la fruición de las obras; pero puede también llenar de confusión esa experiencia y, en ocasiones, acabar con el gozo. No hay obra si no hay creador; pero la obra, por grande y prodigiosa que sea, es sólo parte de una vida (entendida en su riguroso sentido biográfico) y, como tal, puede ser traicionada o suplantada por otros aspectos vitales. Qué descanso supone conocer a un artista cuya vida –lo que vemos y entrevemos de ella- se parece a sus obras, entra con ellas en relación de naturalidad. Muchos artistas son así, naturales. En otros, quizá en la mayoría, los azares del mundo y de su propia personalidad rompen la intimidad de la vida y la obra y hacen difícil la armonía que nos parece deseable. (Que sea así, deseable, no implica, desde luego, una estricta necesidad creativa).
Jesús Cobo
http://www.ignaciollamas.com/
Jesús Cobo
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